Di que sí, que aunque venga del frío invierno, nos saluda tan naturalmente artificial, que su violáceo parecer nos habla sin alardes, libre de goces y libre de culpa.Siempre habrá piedras en el camino y lluvia en los zapatos, pero cuando sus meandros empiezan a pastorear el oscilante horizonte, en su balanceo, nos dejará horas que frenar como si de un instante eterno se tratara para suspirar sus tiernos aromas.
Y en los días que amanece con la suerte dormida a ambos lados de la cama, olisqueando todavía los resquicios que deja la última tempestad, nos enciende una vela como si de un lifting de corazón estuviera gestionando entre fulgores soleados.
Para los imprevistos que fastidian, nos acicala con los árboles que lucen sus senos más tiernos, intercambiándose los pájaros y sus trinos con la convicción, de que ese claroscuro que se enciende en la singladura de su todavía umbrosa mirada, nos asombrará con las flores de su secreto, el misterio de todo tal vez.




Entre todas las incertidumbre floreció tu esencia en un viva la lucha y no el lamento. Cruzaste la noche con cierta prisa lenta al prolongar la extinta muerte de la palabra regresa que más que dormida, supo de sobra que nadie se encuentra tan cerca ni un tan lejos, para arrinconar el agua más clara que mantuvo encendido aquel rostro mientras lo acogían tus manos.
Manos de flores de luz plural, de matas tiernas en constante floración, acechando las hojas que al son del viento merodean desganadas.Como la tarde de éste ya lejano estío, entre olor a tomillo y verdores incipientes que se fecundan en el jardín donde todo sucede a su ritmo, he visto el brillo del limonero enamorado de un huido sauce cuando me besó tu memoria.




